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No existe en la historia universal ningún pueblo que haya tenido una expansión territorial y marítima tan amplia y temprana como el ibérico. Palabra y sangre se mezclaron para dar nacimiento a un rosario de naciones que sienten y se expresan de la misma forma que los habitantes de la antigua Hispania. Naciones que han dado nacimiento a las más bellas manifestaciones artísticas y literarias, aun en los países más pequeños de Centro América. La presencia ultramarina ibérica hubiese sido efímera y superficial sin la presencia de la mujer, transmisora en primer grado de la cultura. Mujeres aventureras, guerreras, casadas, solteras, llegaron a todos los rincones y sus hechos fueron tan relevantes como los de los hombres. A pesar de todo, sus acciones y sus voces han quedado silenciadas hasta el presente. Hace más de cuatrocientos años, desde el Concilio de Trento, que la historia oficial, la historia «canónica», no se escribe en español.
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